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CAP.1: Pequeña nota
Claxiwi era un pequeño pueblo en el que solía habitar paz todos los días del año. Podría parecer monóta la vida allí pero una vez te acostumbrabas incluso lo pasabas bien. Era el caso de Mireia y Lidya.
Ambas tenían 16 años y se conocían desde los 10. Cuando Lidya llegó a ese pueblo no tenía ninguna amiga ni amigo y Mireia, tan amigable como siempre, se acercó a ella y le sonrió. Se tomaron de la mano y desde ese momento fueron inseparables y solían hacerlo todo juntas. Su relación siempre había sido unida y nunca habían tenido otra pelea que no fuera parecida a la de dos niños de 5 años por su piruleta.
Esa tarde, tras ponerse unos vaqueros claros y una camiseta lila, Lidya había pasado a por Mireia para dar una vuelta por el parque y aprovechar para hablar. Las vacaciones habían comenzado y solo por si acaso quería pasar el mayor tiempo posible junto a su mejor amiga. Cada verano se le pasaba la misma idea por la cabeza: “En cualquier momento mis padres podrían querer mudarse de nuevo”. No, durante 10 años de su vida se había mudado muy a menudo sin tener tiempo de hacer buenos amigos y ahora que tenía a Mireia se negaba a irse.
Esta, por su parte, sabía los pensamientos de Lidya sobre ese tema. Los padres de su amiga lo habían considerado varias veces pero Mireia se las había apañado para quitarles la idea de la cabeza.
Cuando Lidya tocó a la puerta ella ya se había arreglado y la abrió de inmediato.
-Bueno, ¿a dónde vamos? –Preguntó Mireia enérgica tras saludar a su amiga.
-Pensaba que podríamos comprar algo y después ir al parque -Contestó.
Así hicieron. Lidya no compró otra cosa más que unos cuantos de sus caramelos favoritos y un refresco y Mireia, varios snacks. Después de eso y de camino al parque siguieron hablando de cosas sin la más mínima importancia, tonterías que se les ocurrían o momentos de reflexión que las llevaban a más tonterías. Cuando estaban en el parque Lidya cogió la cámara y se hicieron una foto las dos.
Ninguna de las dos en ese instante sabía que esa sería la última foto de un momento normal.
Un pequeño viento sopló lo suficiente como para mover el césped o impulsar un pequeño papel escrito hacia ellas. Por simple curiosidad Mireia se agachó para recogerlo y enseñárselo a Lidya.
-¿Tienes idea de que puede ser? – Preguntó ésta leyendo el contenido
“Su nombre recuerda al buen aroma que siempre lo envuelve. Buenas vistas se ven desde cada hogar. Aunque se echa en falta a alguien en este lugar, tú nos podrás ayudar.”
-Detrás pone “En serio”. – añadió Mireia.
Estuvieron bastantes minutos dándole vueltas al papel pues las palabras “aroma”, “vistas” y “alguien” estaban subrayadas. Al fin a Mireia se le ocurrió algo:
-A lo mejor simplemente se refiere a las palabras señaladas. Por ejemplo, algo que da aroma es el perfume.
-Puede que sí, pero no creo que sea perfume líquido, es decir, no hay botes de perfume que rodeen un lugar. Puede referirse más bien a flores. – Afirmó Lidya – Siguiendo esto desde un hogar solo se pueden ver vistas por la ventana o la puerta.
-Y cuando te refieres a alguien... te refieres a una persona. Por lo tanto... ¿Flor, ventana y persona?
Entonces mientras volvían a pensar en qué podía significar pasó algo. Se puede llamar destino o coincidencia pero las ayudó en todo eso.
Un niño de no más de 8 años de edad pasó corriendo mientras gritaba.
-¡Pronto iremos a Flovemper! ¡Bien, podré ver a mi abuelo!
Lidya y Mireia se miraron sorprendidas y esta última murmuró:
-Flovemper. Es un gran pueblo de aquí cerca.
-Su nombre... – continuó Lidya – se puede formar con las primeras sílabas de cada palabra.
Pudo ser por simplemente una corazonada pero ambas sintieron que debían ir a ese lugar, por cualquier razón.
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CAP.1: Pequeña nota
Claxiwi era un pequeño pueblo en el que solía habitar paz todos los días del año. Podría parecer monóta la vida allí pero una vez te acostumbrabas incluso lo pasabas bien. Era el caso de Mireia y Lidya.
Ambas tenían 16 años y se conocían desde los 10. Cuando Lidya llegó a ese pueblo no tenía ninguna amiga ni amigo y Mireia, tan amigable como siempre, se acercó a ella y le sonrió. Se tomaron de la mano y desde ese momento fueron inseparables y solían hacerlo todo juntas. Su relación siempre había sido unida y nunca habían tenido otra pelea que no fuera parecida a la de dos niños de 5 años por su piruleta.
Esa tarde, tras ponerse unos vaqueros claros y una camiseta lila, Lidya había pasado a por Mireia para dar una vuelta por el parque y aprovechar para hablar. Las vacaciones habían comenzado y solo por si acaso quería pasar el mayor tiempo posible junto a su mejor amiga. Cada verano se le pasaba la misma idea por la cabeza: “En cualquier momento mis padres podrían querer mudarse de nuevo”. No, durante 10 años de su vida se había mudado muy a menudo sin tener tiempo de hacer buenos amigos y ahora que tenía a Mireia se negaba a irse.
Esta, por su parte, sabía los pensamientos de Lidya sobre ese tema. Los padres de su amiga lo habían considerado varias veces pero Mireia se las había apañado para quitarles la idea de la cabeza.
Cuando Lidya tocó a la puerta ella ya se había arreglado y la abrió de inmediato.
-Bueno, ¿a dónde vamos? –Preguntó Mireia enérgica tras saludar a su amiga.
-Pensaba que podríamos comprar algo y después ir al parque -Contestó.
Así hicieron. Lidya no compró otra cosa más que unos cuantos de sus caramelos favoritos y un refresco y Mireia, varios snacks. Después de eso y de camino al parque siguieron hablando de cosas sin la más mínima importancia, tonterías que se les ocurrían o momentos de reflexión que las llevaban a más tonterías. Cuando estaban en el parque Lidya cogió la cámara y se hicieron una foto las dos.
Ninguna de las dos en ese instante sabía que esa sería la última foto de un momento normal.
Un pequeño viento sopló lo suficiente como para mover el césped o impulsar un pequeño papel escrito hacia ellas. Por simple curiosidad Mireia se agachó para recogerlo y enseñárselo a Lidya.
-¿Tienes idea de que puede ser? – Preguntó ésta leyendo el contenido
“Su nombre recuerda al buen aroma que siempre lo envuelve. Buenas vistas se ven desde cada hogar. Aunque se echa en falta a alguien en este lugar, tú nos podrás ayudar.”
-Detrás pone “En serio”. – añadió Mireia.
Estuvieron bastantes minutos dándole vueltas al papel pues las palabras “aroma”, “vistas” y “alguien” estaban subrayadas. Al fin a Mireia se le ocurrió algo:
-A lo mejor simplemente se refiere a las palabras señaladas. Por ejemplo, algo que da aroma es el perfume.
-Puede que sí, pero no creo que sea perfume líquido, es decir, no hay botes de perfume que rodeen un lugar. Puede referirse más bien a flores. – Afirmó Lidya – Siguiendo esto desde un hogar solo se pueden ver vistas por la ventana o la puerta.
-Y cuando te refieres a alguien... te refieres a una persona. Por lo tanto... ¿Flor, ventana y persona?
Entonces mientras volvían a pensar en qué podía significar pasó algo. Se puede llamar destino o coincidencia pero las ayudó en todo eso.
Un niño de no más de 8 años de edad pasó corriendo mientras gritaba.
-¡Pronto iremos a Flovemper! ¡Bien, podré ver a mi abuelo!
Lidya y Mireia se miraron sorprendidas y esta última murmuró:
-Flovemper. Es un gran pueblo de aquí cerca.
-Su nombre... – continuó Lidya – se puede formar con las primeras sílabas de cada palabra.
Pudo ser por simplemente una corazonada pero ambas sintieron que debían ir a ese lugar, por cualquier razón.
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