CAP.3: Nuevas ayudas
sábado, 21 de enero de 2012 | 0 Comentarios
Eran las once de la mañana cuando ambas despertaron. Habían descansado bien esa noche y estaban de buen humor. Tras asearse, decidieron bajar a la cafetería del hotel. Después de descender tres plantas, llegaron a recepción, donde tomaron una puerta a la derecha y ya llegaron.
Se sentaron en la mesa cuyo cartelito contenía escrito el número 5 y no tuvieron que esperar mucho hasta que un chico que parecía ser camarero se acercara a ellas. Tenía el pelo medianamente largo y negro. Mostraba una bonita sonrisa.
-Buenas, soy Nadixel. ¿Habéis pensado lo qué queréis? –preguntó amablemente.
-Emm… si –respondió Lidya -. Yo quiero unos panqueques con miel. ¿Y tú, Mireia?
Pero Mireia no respondía, estaba demasiado perdida en la imagen de la sonrisa de Nadixel.
-¡Mireia…!-insistió Lidya.
Esta sacudió la cabeza rápidamente y sonrojada por su actitud.
-¡Ah! Si… pues, yo quiero… pan con tomate y jamón y de beber… zumo de piña –respondió aún avergonzada.
Nadixel se volvió hacia Lidya:
-¿Tú también quieres lo mismo de beber?- preguntó
-Sí, lo mismo.
-Bueno, pues ahora mismo lo traigo. –dijo dándose la vuelta.
-¡Vale! –Alcanzó a responder Lidya antes de que se fuera-. Bueno, ¿se puede saber por qué has reaccionado así, Mire? – preguntó con una sonrisa pícara en la cara.
-¡Por nada! Bueno, será mejor que sigamos pensando sobre el papel, por algún lugar tendremos que seguir. –comentó sacando de su bolso la nota que encontraron en el parque -. Deberíamos buscar a alguien que nos ayude.
-¿Crees qué Nadixel pueda? – Lidya apenas aguantaba la risa. Había notado como reaccionó Mireia ante él.
-Yo puedo ayudar.- dijo alguien cerca de ellas.
Ambas miraron a la chica que había al lado. Tenía el pelo largo y naranja (tanto que hasta parecía una peluca) y unos ojos de color azul claro bastantes bonitos.
-Me llamo Rin y conozco bastante bien éste pueblo y, aunque no sé nada sobre vosotras, tal vez pueda ayudaros.
Lidya y Mireia intercambiaron miradas pero terminaron asintiendo. La última dio unas palmadas en una silla indicándole que se sentara. Tras contarle sobre la nota encontrada, la chica, dijo que parecía interesante y estaba dispuesta a ayudarlas.
-Bueno, ¿y por dónde empezamos?-Preguntó Rin.
-Pues… podrías enseñarnos el pueblo- Respondió Lydia.
Se sentaron en la mesa cuyo cartelito contenía escrito el número 5 y no tuvieron que esperar mucho hasta que un chico que parecía ser camarero se acercara a ellas. Tenía el pelo medianamente largo y negro. Mostraba una bonita sonrisa.
-Buenas, soy Nadixel. ¿Habéis pensado lo qué queréis? –preguntó amablemente.
-Emm… si –respondió Lidya -. Yo quiero unos panqueques con miel. ¿Y tú, Mireia?
Pero Mireia no respondía, estaba demasiado perdida en la imagen de la sonrisa de Nadixel.
-¡Mireia…!-insistió Lidya.
Esta sacudió la cabeza rápidamente y sonrojada por su actitud.
-¡Ah! Si… pues, yo quiero… pan con tomate y jamón y de beber… zumo de piña –respondió aún avergonzada.
Nadixel se volvió hacia Lidya:
-¿Tú también quieres lo mismo de beber?- preguntó
-Sí, lo mismo.
-Bueno, pues ahora mismo lo traigo. –dijo dándose la vuelta.
-¡Vale! –Alcanzó a responder Lidya antes de que se fuera-. Bueno, ¿se puede saber por qué has reaccionado así, Mire? – preguntó con una sonrisa pícara en la cara.
-¡Por nada! Bueno, será mejor que sigamos pensando sobre el papel, por algún lugar tendremos que seguir. –comentó sacando de su bolso la nota que encontraron en el parque -. Deberíamos buscar a alguien que nos ayude.
-¿Crees qué Nadixel pueda? – Lidya apenas aguantaba la risa. Había notado como reaccionó Mireia ante él.
-Yo puedo ayudar.- dijo alguien cerca de ellas.
Ambas miraron a la chica que había al lado. Tenía el pelo largo y naranja (tanto que hasta parecía una peluca) y unos ojos de color azul claro bastantes bonitos.
-Me llamo Rin y conozco bastante bien éste pueblo y, aunque no sé nada sobre vosotras, tal vez pueda ayudaros.
Lidya y Mireia intercambiaron miradas pero terminaron asintiendo. La última dio unas palmadas en una silla indicándole que se sentara. Tras contarle sobre la nota encontrada, la chica, dijo que parecía interesante y estaba dispuesta a ayudarlas.
-Bueno, ¿y por dónde empezamos?-Preguntó Rin.
-Pues… podrías enseñarnos el pueblo- Respondió Lydia.

